La tecnología de esta semana deja varias pistas de hacia dónde se está moviendo la industria: más infraestructura para sostener la inteligencia artificial, agentes capaces de actuar por nosotros, nuevas formas de monetizar contenido y una batalla que también empieza a jugarse dentro de nuestros dispositivos.
La IA también necesita electricidad
Durante meses hemos hablado de la carrera por construir mejores modelos de inteligencia artificial. Pero hay otra competencia menos visible que empieza a ser igual de importante: conseguir la infraestructura necesaria para mantenerlos funcionando.
OpenAI recibió warrants valorados en aproximadamente 5,500 millones de dólares de SB Energy, una compañía especializada en infraestructura energética, de acuerdo con documentos de una posible salida a bolsa revisados por The Wall Street Journal. Reuters retomó la información y aclaró que no pudo verificarla de manera independiente.
Más allá de la operación financiera, hay algo interesante detrás. El crecimiento de la IA está haciendo que energía, centros de datos y capacidad de cómputo formen parte de la misma conversación que los modelos.
Durante mucho tiempo medimos esta carrera preguntándonos quién tenía la mejor IA. Cada vez tendrá más sentido preguntar también quién tiene suficiente energía y capacidad para operarla a escala.
Los lentes de Meta tienen un problema que la tecnología no puede resolver sola
Los lentes inteligentes de Meta prometen algo bastante atractivo: llevar cámaras e inteligencia artificial a un dispositivo que usamos de manera cotidiana. El problema aparece cuando esa cámara deja de sentirse como una cámara.
Videos de personas grabadas sin saberlo han vuelto a poner la privacidad en el centro de la discusión. Algunos espacios ya comenzaron a restringir estos dispositivos y Meta está reforzando medidas como el indicador LED que avisa cuando los lentes están grabando.
Hay una tensión interesante aquí. Cuanto más invisible se vuelve la tecnología, más cómoda resulta para quien la utiliza, pero también puede volverse más incómoda para todos los demás. Los smart glasses probablemente seguirán creciendo. La pregunta es si las normas sociales van a evolucionar a la misma velocidad.
Meta ya no quiere una IA que sólo responda preguntas
Meta está probando internamente Hatch, un agente de inteligencia artificial pensado para hacer algo bastante distinto a conversar.
Según un memo interno reportado por Business Insider, podría reservar restaurantes, organizar correo y calendario, comprar, llenar formularios, investigar temas o encontrar servicios. Incluso tendría su propia computadora para ejecutar algunas de estas tareas.
Aquí hay un cambio que me parece mucho más importante que lanzar otro chatbot. Hasta ahora nos acostumbramos a abrir una IA, escribir una instrucción y esperar una respuesta. Los agentes cambian esa relación: les damos un objetivo y esperamos que hagan parte del trabajo.
La competencia entonces deja de ser únicamente quién responde mejor. También será quién consigue que confiemos lo suficiente como para dejarlo actuar. Y eso abre otra discusión: correo, calendario, compras, redes sociales y datos personales pueden terminar concentrados en un asistente que necesita conocernos bastante bien para realmente ser útil.
Apple cambia de CEO, pero su verdadera transición es otra
Después de 15 años al frente de Apple, Tim Cook deja el puesto de CEO y John Ternus toma el mando. Cook permanecerá como presidente ejecutivo.
Los números explican buena parte de su legado. Durante su gestión Apple multiplicó su valor, expandió servicios, desarrolló sus propios chips y convirtió productos como Apple Watch y AirPods en negocios enormes.
Ternus, sin embargo, recibe una Apple que enfrenta una transición diferente. La compañía sigue teniendo uno de los ecosistemas tecnológicos más poderosos del mundo, pero en inteligencia artificial ha tenido que perseguir una conversación que otros ayudaron a definir.
Por eso el cambio de CEO llega en un momento especialmente interesante. Apple ya ganó la batalla de poner una computadora en nuestro bolsillo. Ahora necesita demostrar qué papel quiere jugar cuando esa computadora empiece a tomar más decisiones por nosotros.
YouTube y Amazon acaban de acortar el camino entre ver y comprar
Este movimiento me parece especialmente importante para quienes trabajamos alrededor de YouTube.
Amazon se incorporó oficialmente al YouTube Shopping Affiliate Program en Estados Unidos. Los creadores elegibles pueden etiquetar productos de Amazon directamente dentro de videos largos, Shorts y transmisiones en vivo y recibir comisiones por las compras.
Parece una integración comercial más, pero toca una transformación mucho más grande de YouTube. La plataforma lleva años dejando de ser solamente un lugar donde acumulamos vistas. Hoy puede funcionar al mismo tiempo como buscador, entretenimiento, recomendador, escaparate y punto de venta.
YouTube asegura que, en un experimento realizado en julio, los videos que utilizaron etiquetas de YouTube Shopping consiguieron más de 110% más clics en productos que aquellos que dependieron únicamente de enlaces en la descripción. Es información interna de la propia compañía, así que conviene leerla como tal.
Para los creadores, la oportunidad está en entender que una audiencia no tiene que monetizarse únicamente mediante publicidad. Un buen video puede generar vistas durante años. Ahora también puede convertirse en un activo comercial durante ese mismo tiempo.
La IA también está aprendiendo a hacerse pasar por nosotros
Meta identificó una operación de influencia vinculada con Irán que utilizaba contenido generado con inteligencia artificial y perfiles que simulaban ser estadounidenses.
Aquí el problema no es simplemente que exista contenido falso. Eso lleva décadas ocurriendo. Lo que cambia es el costo y la escala.
La IA permite producir identidades, textos, imágenes y conversaciones a una velocidad que antes requería equipos completos. Eso hace que las plataformas tengan que detectar no solamente contenido falso, sino comportamientos coordinados que pueden parecer cada vez más humanos.
La paradoja es incómoda: mientras las compañías tecnológicas trabajan para conseguir que sus asistentes parezcan personas, también necesitan desarrollar sistemas capaces de detectar máquinas que intentan parecer personas.
Apple quiere que parte de la IA vuelva a vivir en tu computadora
Esta semana Apple también presentó sus nuevos M6 y M5 Ultra, y hay un detalle más interesante que simplemente tener procesadores más rápidos.
La compañía está poniendo mucho énfasis en ejecutar inteligencia artificial directamente en el dispositivo. El M6 debuta en la nueva Mac mini y es el primer chip de Apple fabricado con un proceso de 2 nanómetros. El M5 Ultra, destinado a la Mac Studio, puede configurarse con hasta 512 GB de memoria unificada y Apple lo presenta como una máquina capaz de ejecutar modelos de lenguaje de cientos de miles de millones de parámetros localmente.
Eso apunta hacia una división interesante en el futuro de la IA. Una parte seguirá viviendo en enormes centros de datos. Otra podría regresar a nuestros dispositivos.
No todo tiene que viajar a la nube para obtener una respuesta. Para determinados trabajos, tener modelos ejecutándose localmente puede significar menor latencia, mayor privacidad y menos dependencia de una conexión permanente.
Y quizá ahí Apple tenga una ventaja que todavía no hemos terminado de medir: controla el hardware, el sistema operativo y buena parte del ecosistema donde esa IA puede terminar viviendo.
Mi lectura de hoy
Hay un hilo que conecta casi todas estas historias. La inteligencia artificial está dejando de ser solamente una herramienta que visitamos en una página web.
Está entrando en la infraestructura energética, en nuestros lentes, en la computadora, en las compras, en las plataformas de contenido y, poco a poco, en las tareas que hasta ahora hacíamos nosotros mismos.
La siguiente etapa probablemente no se va a medir únicamente por quién tenga el modelo más inteligente. También importará quién controle la energía para ejecutarlo, el dispositivo donde vive, los datos que necesita, la plataforma desde donde actúa y, quizá lo más difícil de conseguir, nuestra confianza.